Es bien sabido que los gatos eran tratados con el máximo respeto en el Antiguo Egipto, donde se les consideraba animales irremplazables. No obstante, la egipcia no es la única cultura que venera a los gatos: La nórdica y la celta también los consideraban importantes. Quédate, y descubre por qué.
Los favoritos de egipto
Los gatos eran asociados a los leones en el antiguo Egipto, que resultaba en que también fueran asociados con la protección y el dios del sol Ra, de quien se creía que eran encarnaciones. Luego se les consideró encarnaciones de la diosa Bastet, deidad del amor, la belleza y la fecundidad, entre otras cosas. Esta diosa es conocida por tener la cabeza de un minino.
Los gatos eran adorados en vida (y protegidos por estrictas leyes) y en la muerte, momento en el que se les momificaba y los dueños (la familia entera, que quede claro) se afeitaban las cejas en señal de luto.

Guardianes del submundo celta
Así como se lee, en la cultura celta los gatos eran guardianes de los secretos del inframundo o submundo celta. También eran frecuentemente usados vivos o muertos para rituales y hechizos.
Varios clanes escoceses tenían a un gato por símbolo (o tótem) o alegaban ser parte gato, y una diosa irlandesa, Eire, le dio a su gato un caldero lleno de sus secretos, y también se habla de un rey que fue un enorme gato llamado Irusan. Por último, la diosa galesa Ceridwen tenía gatos blancos como sirvientes.

Gatos en las bodas vikingas
La diosa nórdica del amor y la belleza, Freyja, conducía un carro tirado no por caballos, sino por dos enormes gatos, y formaba parte de la vida cotidiana de los vikingos como una mascota y compañero de viajes.
Además, los gatos eran regalos de boda de lo más comunes, al menos para las novias, como parte fundamental un nuevo hogar.
«Everybody wants to be a cat»
A lo mejor no todo mundo quiere ser un gato, pero la mayoría sí que quiere tener a un gatito cerca, incluso si no va a rasurarse las cejas o poner un altar por él.
Como dueña de dos gatos a los que trato como mis niños, no me es difícil saber por qué los queríamos y seguimos queriéndolos tanto como lo hacemos.

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