Esta frase de Gargantúa y Pantagruel, obra de Francois Rebelais, se convirtió en el lema de una infame logia inglesa, quedando grabada en las puertas de su abadía.
Era un secreto a voces lo que los hombres más ricos e influyentes de la Inglaterra e Irlanda del siglo XVIII hacían en la Orden de los Caballeros de San Francisco, repudiados por la iglesia católica y la gente más apegada a la estricta moral de la época, quienes los rebautizarían como el “Club del Fuego del Infierno”
Y vaya que el nombre les quedaba bien, pues no por nada llevaban a cabo sus escandalosas fiestas en cuevas debajo del castillo medieval que les servía de punto de reunión.
Satanistas, masones, de todo.
El controvertido Duque Philip de Wharton fue el primero en encender las llamas del infierno; el fundador del club, pues. Nacido en Oxford, Inglaterra, en 1698, no tardó en unirse a la masonería y, lo que es más, alcanzar la cima en la Gran Logia y esparcir la masonería al punto de hacer que tener un Gran Secretario fuera necesario para escribir toda la correspondencia necesaria.
Wharton era un adicto al juego y las apuestas, al alcohol y a las mujeres, todos elementos que también formaban parte de todas las reuniones de todos los Clubes del Fuego del Infierno, el primero de estos fundado por el mismo Wharton en 1718, tan solo 13 años antes de su muerte.

Los miembros del primer Hellfire Club, que contrario a todos los siguientes también admitía mujeres y celebraba sus reuniones todos los domingos, llevaba a cabo actividades libertinas, vulgares, estrafalarias y demás, todo mientras se hacían llamar “Diablos” y llevaban a cabo una ceremonia en especial en la que se vestían de figuras de la Biblia solo para ridiculizar a la religión.
Sin embargo, este no es el club mencionado al principio, sino el fundado por Sir Francis Dashwood. Las reuniones con Dashwood como anfitrión eran dos veces al año, y todos asistían disfrazados, además de hacerse llamar discípulos de Afrodita y Dionisio o “Los Monjes de Medmeham.”

En el club de Dashwood se veían las mismas cosas que en el de Wharton, además de abusos de todo tipo en contra de tanto hombres como mujeres ‘inferiores’ (sirvientes, pobres, prostitutas, etc.) Fue en este Hellfire Club en el que se veía constantemente a Benjamín Franklin, el extravagante Padre Fundador de los Estados Unidos de América.
Las cuevas de west wycombe

Las famosísimas cuevas y túneles que servían de salón de fiestas a Dashwood y sus otros ‘monjes’ son ahora una aterradora atracción turística en Inglaterra, sumado a que el mismo Hellfire Club ha sido inspiración para miles de películas, series, libros y cómics, como su homónimo de los cómics de Marvel.
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