«El fantasma provechoso» es un cuento de Daniel Defoe. En este relato breve, Defoe explora el tema de lo sobrenatural, fusionando la narrativa de fantasmas con un estilo que recuerda su interés por lo realista y lo útil.
La historia cuenta cómo un espíritu se convierte en un benefactor inesperado para los vivos. Un fantasma que, en lugar de infundir miedo o buscar venganza, tiene la misión de ayudar a una familia necesitada, lo cual rompe con el estereotipo del espíritu vengativo o perturbado tan común en las historias de fantasmas. Este enfoque permite a Defoe explorar la moralidad, el apoyo mutuo y el impacto de lo inexplicable en la vida cotidiana.
Defoe hace que el lector se cuestione las nociones de realidad, utilidad, y la influencia de lo desconocido en la vida humana, un tema que ha hecho que este relato resuene a lo largo del tiempo.
El fantasma provechoso
[Cuento – Texto completo.]
Daniel Defoe
Un caballero rural tenía una vieja casa que era todo lo que quedaba de un antiguo monasterio o convento derruido, y resolvió demolerla aunque pensaba que era demasiado el gusto que esa tarea implicaría. Entonces pensó en una estratagema, que consistía en difundir el rumor de que la casa estaba encantada, e hizo esto con tal habilidad que empezó a ser creído por todos. Con ese objeto se confeccionó un largo traje blanco y con él puesto se propuso pasar velozmente por el patio interior de la casa justo en el momento en que hubiera citado a otras personas, para que estuvieran en la ventana y pudiesen verlo. Ellos difundirían después la noticia de que en la casa había un fantasma. Con este propósito, el amo y la esposa y toda la familia fueron llamados a la ventana donde, aunque estaba tan oscuro que no podía decirse con certeza qué era, sin embargo se podía distinguir claramente la blanca vestidura que cruzaba el patio y entraba por una puerta del viejo edificio. Tan pronto como estuvieron adentro, percibieron en la casa una llamarada que el caballero había planeado hacer con azufre y otros materiales, con el propósito de que dejara un tufo de sulfuro y no sólo el olor de la pólvora.
Como lo esperaba, la estratagema dio resultado. Alguna gente fantasiosa, teniendo noticia de lo que pasaba y deseando ver la aparición, tuvo la ocasión de hacerlo y la vio en la forma en que usualmente se mostraba. Sus frecuentes caminatas se hicieron cosa corriente en una parte de la morada donde el espíritu tenía oportunidad de deslizarse por la puerta hacia otro patio y después hacia la parte habitada.
Inmediatamente se empezó a decir que en la casa había dinero escondido, y el caballero esparció la noticia de que él comenzaría a excavar, seguro de que la gente se pondría muy ansiosa de que así se hiciera. En cambio, no hacía nada al respecto. Se seguía viendo la aparición ir y venir, caminar de un lado para otro, casi todas las noches, y siempre desvaneciéndose con una llamarada, como ya dije, lo cual era realmente extraordinario.
Al fin, alguna gente de la villa vecina, viendo que el caballero daba a la larga o descuidaba el asunto, comenzó a preguntarse si el buen hombre les permitiría excavar, porque sin duda había allí dinero escondido. Pues, si él consentía en que ellos lo cogieran si lo encontraban, excavarían y lo encontrarían aunque tuvieran que excavar toda la casa y tirarla abajo.
El caballero replicó que no era justo que excavaran y tiraran la casa abajo, y que por eso obtuvieran todo lo que encontraran. ¡Eso era muy duro de tragar! Pero que él autorizaba esto: que ellos acarrearían todos los escombros y los materiales que excavaran y aparecían los ladrillos y las maderas en el terreno vecino a la casa, y que a él le correspondería la mitad de lo que encontraran.
Ellos consintieron y comenzaron a trabajar. El espíritu o aparición que rondaba al principio pareció abandonar el lugar, y lo primero que demolieron fue los caños de las chimeneas, lo que significó un gran trabajo. Pero el caballero, deseoso de alentarlos, escondió secretamente veintisiete piezas de oro antiguo en un agujero de la chimenea que no tenía entrada más que por un lado, y que después tapió.
Cuando llegaron hasta el dinero, los ilusos se engañaron totalmente y se maravillaron sin querer razonar. Por casualidad el caballero estaba cerca, pero no exactamente en el lugar, cuando se produjo el hallazgo, cuando lo llamaron. Muy generosamente les dio todo, pero con la condición que no esperaran lo mismo de lo que después encontraran.
En una palabra, este mordisco en su ambición hizo trabajar a los campesinos como burros y meterse más en el engaño. Pero lo que más los alentó fue que en realidad encontraron varias cosas de valor al excavar en la casa, las que tal vez habían estado escondidas desde el tiempo en que se había construido el edificio, por ser una casa religiosa. Algún otro dinero fue encontrado también, de modo que la continua expectación y esperanza de encontrar más de tal manera animó a los campesinos, que muy pronto tiraron la casa abajo. Sí, puede decirse que la demolieron hasta sus mismas raíces, porque excavaron los cimientos, que era lo que deseaba el caballero, y que hubiérale llevado mucho dinero hacer.
No dejaron en la casa ni la cueva para un ratón. Pero, de acuerdo con el trato, llevaron los materiales y apilaron la madera y los ladrillos en un terreno adyacente como el caballero lo había ordenado, y de manera muy pulcra.
Estaban tan persuadidos -a raíz de la aparición que caminaba por la casa- de que había dinero escondido ahí, que nada podía detener la ansiedad de los campesinos por trabajar, como si las almas de las monjas y frailes, o quien quiera que fuera que hubiera escondido algún tesoro en el lugar, suponiendo que estuviera escondido, no pudiera descansar, según se dice de otros casos, o pudiera haber algún modo de encontrarlo después de tantos años, casi doscientos.
FIN
¡Una historia de fantasmas!
Un caballero rural tiene una antigua casa que es todo lo que queda de un antiguo monasterio o convento derruido. Él quiere demolerla, pero no quiere hacer el trabajo él mismo, así que decide hacer que la gente crea que la casa está encantada. Para lograrlo, se pone un traje blanco y camina rápidamente por el patio interior de la casa para que la gente lo vea y crea que es un fantasma. Funciona, y la gente comienza a creer que la casa está encantada y que hay dinero escondido en ella. El caballero convence a la gente de excavar la casa, prometiéndoles la mitad de lo que encuentren.

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Mientras excavan, el caballero esconde oro en un agujero en la chimenea. Cuando encuentran el oro, el caballero les permite quedarse con él, pero les dice que no encontrarán más. A pesar de esto, la gente sigue excavando, encontrando más objetos de valor y dinero. Finalmente, derriban la casa hasta los cimientos, tal como quería el caballero, y encuentran más dinero escondido. Aunque se llevaron el dinero, cumplieron con su parte del trato llevando los escombros y materiales a un terreno adyacente de manera ordenada. La gente estaba tan convencida de que había dinero escondido en la casa que la demolieron completamente en busca de más tesoros, animados por la esperanza de encontrar más riquezas.
¡Qué loco!
La historia muestra cómo la codicia y la superstición llevaron a los campesinos a trabajar arduamente, aunque al final sus esfuerzos no cumplieron totalmente sus expectativas.
El relato nos presenta al fantasma no solo como una figura sobrenatural, sino como un símbolo de la conciencia. A través de esta narrativa, Defoe parece reflexionar sobre la responsabilidad y las consecuencias de las acciones de una persona, mostrando que la justicia, en ocasiones, llega de formas inesperadas e incluso sobrenaturales.

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