Se tiene considerado que en la Antigua Roma comenzaron a establecerse las diferencias entre las profesiones de pastelero y panadero. Hacia el siglo IV antes de Cristo, los llamados pastillariorum preparaban un tipo de pastelería mezclando miel y harina y añadiendo fruta.

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En la Edad Media, en París se elaboraban los denominados beuignets, a base de médula, huevos y salsa de higos. En esta época se va diferenciando el oficio de pastelero (pâtissier) del de cocinero. Los pasteles pierden el carácter sagrado que habían tenido en otro tiempo y pasan a considerarse platos festivos. Empiezan a popularizarse preparaciones básicas que hoy en día nos suenan a todos: crêpes, flanes, croissants…

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El caso de Antonin Careme
Antonin Carême, una de las primeras grandes figuras de la gastronomía francesa, precursor de la alta cocina, gastrónomo, cocinero y arquitecto, es el pastelero más popular de esta época y el de mayor ascendencia entre las generaciones venideras. Gran innovador, da a conocer los merengues, el popular vol au vent (masa de hojaldre rellena de preparados salados), crocantes, poupelins, perfecciona el hojaldre, modifica la forma de las cacerolas.
Además, en 1815 publica su libro El pastelero real, de enorme influencia en la repostería moderna. No en vano, se considera al siglo XIX la edad de oro de la repostería francesa.
El siglo XX: la sofisticación de la reposteria
En el siglo XX, se perfecciona el uso del frío y del calor (refrigeración eficiente, métodos de cocción, y más), se optimiza la producción, así como la selección de ingredientes para conseguir mejorar la calidad y la productividad de la repostería.
En 1905 se da a conocer el París-Brest, un pastel compuesto de crema de mantequilla, praliné y masa para buñuelos, que tiene forma de bicicleta, ya que rinde tributo a la carrera ciclista del mismo nombre que se celebró entre 1891 y 1951.

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La gran figura de la pastelería francesa en el siglo XX fue Gastón Lenôtre, que abrió su confitería en 1957 en París.

En 1971, este maestro de pastelería y chocolatería, creador del pastel Ópera (bizcocho bañado en licor de naranja, con ganaché de café y crema de mantequilla recubierta por un glaseado de chocolate), inauguró, también en París, la escuela Lenôtre para formar a profesionales reposteros de todo el mundo.

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Actualmente hay dos postres que destacan en Francia, que son el macaron y la crème brûlée.
El macaron son unas galletas hechas con almendra, azucar glas, huevo y azucar.

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Mientras que la crème brûlée es una crema pastelera rica y cremosa, cubierta con una costra quebradiza de azúcar quemada.

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https;//blog.scoolinary.com/historia-de-la-reposteria-francesa
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