En una historia un hecho inquietante fue reportado ayer por las autoridades fluviales tras recuperarse el cuerpo de un joven en el río Sena, entre Bougival y Marly. Entre sus ropas se encontró una carta dirigida a una dama desconocida, cuyo contenido ha llamado la atención por su tono filosófico y profundamente personal. El texto, atribuido al escritor Guy de Maupassant, describe la confesión de un hombre incapaz de experimentar amor.

En la carta, el autor asegura no haber amado jamás debido a su tendencia a analizarlo todo racionalmente. Afirma que el amor exige ceguera emocional y renuncia al juicio, algo que considera imposible para él. Según explica, siempre percibió una discordancia entre la naturaleza física y moral de las mujeres, lo que le impidió enamorarse verdaderamente.
No obstante, relata un episodio en el que creyó sentir amor durante una noche en una barca junto a una joven. El ambiente, la luna, el silencio y la cercanía despertó en él una emoción intensa y desconocida. Permanecieron juntos contemplando el amanecer hasta que, en el momento en que él se disponía a besarla, la mujer rompió el instante romántico al señalarle trivialmente que tenía una oruga en el cabello.
El relato nos invita a preguntarnos: ¿cuántas veces dejamos pasar algo valioso por esperar lo perfecto? El amor, la amistad o incluso los sueños rara vez coinciden con la imagen que imaginamos. La vida está hecha también de imperfecciones, de interrupciones incómodas y de comentarios inoportunos.
Leer este cuento es una oportunidad para reflexionar sobre nuestras expectativas y recordar que la sensibilidad no siempre está en los grandes gestos románticos, sino en aprender a convivir con la naturalidad del otro.
“El amor no muere por falta de magia, sino por exceso de perfección.”
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