Hay un frío que no quema ni duele, un frío que no grita. El cero absoluto es ese borde del mundo donde la materia parece recogerse en si misma como un pensamiento que ya no quiere moverse; allí la energía se vuelve silencio y el universo por un instante aprende a callar.
Cuando el bosque guarda silencio y la noche avanza, la mofeta emerge estre sombras y misterio, dejando ver que incluso en lo más simple de la naturaleza existen historias que pocas veces se miran de cerca.
Entre el sol y el viento, en el corazón del desierto, un cactus exótico sostiene la fruta que parece un tesoro brillante y dulce, llena de colores y semillas, lista para sorprender a quien se atreva a descubrirla.