Lo que creíamos muerto volvió a girar

Durante años, parecía que los CDs, libros, DVDs, VHS y cassetes estaban destinados a desaparecer. Sin embargo, una generación acostumbrada a tenerlo todo en una pantalla está haciendo que estos objetos vuelvan a ocupar un lugar especial. ¿Por qué comprar algo que también puedes escuchar, leer o ver digitalmente? 

Foto de ejemplos de media física.
Imagen: https://medium.com

De tenerlo todo a querer tener algo

Explorar cómo el regreso de los formatos físicos, también está relacionado con nuevas formas de consumir. Los jóvenes no solo compran música, películas o libros: compran ediciones limitadas, portadas especiales, colores exclusivos y objetos coleccionables. El valor ya no está únicamente en el contenido, sino en poseer una versión concreta y difícil de conseguir.

El primer motivo para entender este fenómeno está en la manera en que consumimos, hoy es posible escuchar millones de canciones o ver miles de películas sin poseer ninguna de ellas físicamente, sin embargo, esa abundancia también puede producir el efecto contrario: cuando prácticamente todo está disponible, tener algo específico comienza a sentirse especial.

Los jóvenes no necesariamente compran un CD porque lo necesiten para escuchar música, sino porque quieren conservar un álbum que representa algo para ellos; la compra deja de ser únicamente funcional y se convierte en una forma de apropiación: elegir qué obra merece ocupar un espacio en su habitación, en una estantería o en su colección.

El algoritmo no tiene estrategía

La cuestión de la identidad lleva a otro de los motivos del regreso: la necesidad de relacionarnos de otra manera con aquello que consumimos, las plataformas digitales están diseñadas para ofrecer contenido constantemente: una canción termina y comienza otra, una película lleva a una recomendación y una red social nunca parece terminar.

Esta facilidad ha cambiado nuestra relación con la cultura, pero también puede hacer que muchas experiencias se sientan rápidas y reemplazables, frente a eso, un objeto físico impone ciertos límites, un casete tiene una cantidad determinada de canciones, un DVD contiene una película concreta y un libro permanece en el mismo lugar hasta que alguien decide abrirlo.

Por eso, para algunos jóvenes, utilizar un formato físico puede representar una pequeña ruptura con esa lógica de disponibilidad permanente, escuchar un álbum completo en un CD, leer un libro sin notificaciones alrededor o ver una película en VHS puede convertir el consumo en una actividad más intencional. No significa necesariamente rechazar la tecnología, sino utilizarla de otra manera, lo digital permite descubrir y acceder; lo físico permite detenerse y conservar.

Y cuando una experiencia comienza a sentirse más personal, aparece una nueva pregunta: ¿qué pasa cuando esa experiencia también puede compartirse con otras personas?

No es solo tuyo: es de todos

Una de las razones por las que el fenómeno ha crecido es que coleccionar dejó de ser una actividad exclusivamente individual, las redes sociales han permitido que las personas enseñen sus estanterías, intercambien recomendaciones, compartan hallazgos y descubran tiendas o mercados donde conseguir formatos antiguos, una colección de CDs, libros, películas o casetes puede funcionar como una especie de presentación personal: muestra qué artistas nos gustan, qué épocas nos interesan y qué objetos consideramos suficientemente importantes como para conservarlos, el objeto deja de ser únicamente una posesión y se convierte en una forma de comunicación.

Ilustración de algunos tipos de media física.
Imagen: https://www.dailyuw.com

A partir de ahí, surgen comunidades alrededor de gustos específicos, alguien puede encontrar personas que coleccionan VHS de terror; otros que buscan primeras ediciones de libros, o jóvenes interesados en conseguir todos los formatos de un determinado artista. La búsqueda del objeto genera conversaciones, intercambios y encuentros que difícilmente existirían si todo se redujera a una biblioteca digital o a una cuenta de streaming, así, comprar algo físico no solamente satisface el deseo de tenerlo, sino que puede conectar al consumidor con otras personas y esa conexión hace que el objeto adquiera todavía más valor emocional.

Objetos que cuentan historias

Ese valor emocional está relacionado con algo que los formatos digitales difícilmente pueden reproducir de la misma manera: la experiencia física del objeto. Un álbum no es solamente sus canciones; también puede ser su portada, el diseño del disco, las fotografías del interior, las letras impresas o incluso la manera en que se abre la caja, lo mismo ocurre con un libro, donde la edición, la portada, el papel y las marcas que deja el tiempo pueden formar parte de la relación que una persona desarrolla con él, así el objeto se convierte en una extensión de la obra.

También existe una dimensión relacionada con la memoria, un casete puede recordar una época, un DVD puede estar asociado con una película vista durante la infancia o un libro puede conservar anotaciones de una persona que lo leyó años atrás, incluso cuando quien compra el objeto no vivió originalmente esa época, puede encontrar atractivo en reconstruirla desde el presente. La nostalgia, entonces, no siempre consiste en recordar algo que vivimos; también puede consistir en imaginar y experimentar un pasado que nunca conocimos, y esa capacidad de convertir un producto en una experiencia es precisamente algo que los artistas han comenzado a aprovechar.

Artistas que entendieron el regreso

Los artistas también han cambiado la manera en que presentan sus trabajos. Actualmente, lanzar un álbum puede significar mucho más que publicarlo en plataformas de streaming: puede incluir diferentes portadas, versiones físicas, fotografías, libretos, objetos coleccionables o ediciones limitadas, en el cine ocurre algo similar con las reediciones y ediciones especiales, mientras que en la literatura las nuevas ediciones pueden convertir un libro en un objeto de colección, de esta manera, la parte física puede convertirse en una extensión de la obra artística, no simplemente en otra manera de distribuirla.

Ejemplos de CDs y vinilos de algunos artistas.
Imagen: https://www.independent.co.uk

Esto también responde a una nueva relación entre artistas y seguidores: el streaming permite que una obra llegue rápidamente a millones de personas, pero una edición física puede ofrecer algo exclusivo que el acceso digital no proporciona de la misma forma. El artista puede construir una estética alrededor del objeto y el fan puede conservar una pieza que representa su vínculo con esa obra, por eso, el regreso de los formatos físicos no significa necesariamente volver a producirlos exactamente como antes: significa tomar aquello que hacía especial al formato físico y adaptarlo a una generación que consume de manera completamente distinta.

¿Físico o digital?

Todo esto lleva a una conclusión menos evidente: el regreso de la media física no necesariamente representa una guerra contra lo digital, los jóvenes pueden descubrir un artista en TikTok, escuchar su música en Spotify y después comprar su CD; pueden descubrir una película en una plataforma y posteriormente buscar su edición en DVD; pueden leer un fragmento de un libro en internet y terminar comprándolo en una librería. Los dos formatos cumplen funciones diferentes, y precisamente por eso pueden coexistir, lo digital ofrece velocidad, variedad y acceso; lo físico ofrece permanencia, posesión y una experiencia más tangible.

Quizá, entonces, la verdadera razón detrás de este regreso no sea que los jóvenes quieran vivir como antes, sino que están intentando encontrar valor en objetos dentro de una cultura donde casi todo se ha vuelto intangible. En un mundo en el que podemos acceder a prácticamente cualquier cosa pero poseer muy pocas, un CD, un libro, un VHS o un casete puede convertirse en algo más que un medio para consumir contenido: puede ser una forma de decir “esto me importa lo suficiente como para conservarlo”.

Y si quieres entender por que lo que parecía obsoleto volvió a despertar deseo, todavía queda mucho por descubrir entre estas paginas, por eso te invito a seguir leyendo en Revistas Somos Conalep.

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